Jaime y las gafas mágicas, de Anatxu Zabalbeascoa. Dibujos de Telmo Rodríguez. Art Blume S.L., 2010
PAJARITO:
Trata sobre un niño que no quería ponerse gafas. Cuando las llevaba al cole sus amigos se reían de él y otros tenían miedo de rompérselas. Un día Pepo, la mascota de la clase, se perdió y fue Jaime, con sus gafas rojas, el que la encontró.
Cada vez que se perdía algo llamaban a Jaime y Jaime lo encontraba, así que le empezaron a gustar las gafas.
Yo también llevo gafas. Desde que las tengo veo mejor. Me ha gustado que un libro trate sobre llevar gafas.
Lo mejor es que lo puedo contar como si Jaime fuese yo, con mi nombre, y como si sus amigos fuesen los míos, con sus nombres.
PAJARRACO:
"Las gafas huyen igual que el dogma, la seguridad y la prepotencia. Prefieren darle tiempo al tiempo, nos obligan a buscar un punto de vista propio, que nunca llega a confundirse con la visión deslumbrada de las verdades absolutas". (Luis García Montero. Una forma de resistencia. Alfaguara, 2012).
Escribió el poeta Luis García Montero que las gafas le regalan "un punto de vista propio a la hora de mirar la realidad". Al protagonista de Jaime y las gafas mágicas le pasa algo parecido, aunque él no sea capaz de decirlo con unas palabras tan sofisticadas. Un día el médico le dice que tiene que usar gafas. Él no quiere, pero poco a poco va descubriendo las virtudes de sus anteojos. Las gafas rojas le acaban regalando un gratificante punto de vista propio. Ocurre a menudo en la vida: lo que al principio se percibe como un drama acaba siendo una liberación.
Ha sido empeño mío que escribiéramos sobre Jaime y las gafas mágicas. No creo que sea el mejor libro que hemos leído juntos Pajarito y yo, ni mucho menos. Si la autora del texto, Anatxu Zabalbeascoa, periodista que escribe sobre arquitectura y diseño en El País con una claridad de ideas envidiable, se hubiese puesto las gafas de mirar como un niño, tal vez la historia habría resultado diferente. Pero, a pesar de ello, hay muchas cosas que me gustan mucho de este libro.
Por ejemplo, las ilustraciones. Si he querido que escribiéramos sobre Jaime... en una de las primeras entradas es porque, igual que este blog, nace de la colaboración entre un adulto y un niño, en este caso Zabalbeascoa y su hijo Telmo. Cuando un compañero de clase de Pablo, otro hijo de la autora, empezó a usar gafas, Zabalbeascoa y Telmo se pusieron manos a la obra. Ella escribió el texto; él lo ilustró.
Comenta la autora en las respuestas a unas preguntas que amablemente nos ha contestado por correo electrónico y que adjuntamos en una entrada aparte que "los niños nunca vuelven a dibujar con tanta fuerza como cuando tienen 6 años". Telmo realizó los dibujos de Jaime... a lo largo de más de un año. Empezó con 5 y acabó con 7. Y es verdad que tanto el trazo como el color tienen una enorme expresividad.
Hay detalles de gran sutileza como la mirada hacia arriba de Jaime en la portada...
... la forma en que se disponen los objetos que va encontrando, en la página 19...
... o la inclinación del tronco del protagonista en la última página mientras manda callar con picardía.
Elementos como un Mr Potato o el símbolo de una conocida marca deportiva en las zapatillas del protagonista dan un involuntario pero encantador aire pop al asunto. Y demuestran que Telmo sí se ha puesto las gafas de niño. Bueno, que, en realidad, no ha tenido que ponérselas, porque él sí que tiene la mirada de un niño, claro.
El papel en el que están impresos esos dibujos, de un blanco nuclear, sin brillo, de mucho gramaje, casi una cartulina, les dan un aire más auténtico todavía. Por eso me parece del todo innecesario el reclamo de mencionar la edad de Telmo en la portada. Hubiese bastado con un apunte en páginas interiores. Pero, vaya, es una cuestión menor.
Decía que hay muchas cosas que me gustan mucho de este libro. La que más, ya lo he dicho, que lo hayan hecho entre un adulto y un niño. Pero hay otra que también me encanta. Es la recomendación de lectura que hace la autora en la página 2:
"Como todas las historias reales, éstas pueden suceder en varios lugares a la vez. Así es que si en vuestra clase hay algún niño, o niña, con gafas, la historia de las gafas mágicas puede contarse cambiando el nombre de Jaime por el de Beatriz, Juanjo, Pepita o Teodoro. Además, los nombres de la profesora y los compañeros también se pueden cambiar para adaptar este cuento ¡a cualquier clase del mundo!"
"Pienso que las cosas deben servir a todos", dice Zabalbeascoa. Si Jaime y las gafas mágicas se hubiese quedado en eso, en Jaime y las gafas mágicas, si no hubiese podido ser también PAJARITO y las gafas mágicas, por ejemplo, a lo mejor no lo habríamos leído tantas veces.
Ha sido empeño mío que escribiéramos sobre Jaime y las gafas mágicas. No creo que sea el mejor libro que hemos leído juntos Pajarito y yo, ni mucho menos. Si la autora del texto, Anatxu Zabalbeascoa, periodista que escribe sobre arquitectura y diseño en El País con una claridad de ideas envidiable, se hubiese puesto las gafas de mirar como un niño, tal vez la historia habría resultado diferente. Pero, a pesar de ello, hay muchas cosas que me gustan mucho de este libro.
Por ejemplo, las ilustraciones. Si he querido que escribiéramos sobre Jaime... en una de las primeras entradas es porque, igual que este blog, nace de la colaboración entre un adulto y un niño, en este caso Zabalbeascoa y su hijo Telmo. Cuando un compañero de clase de Pablo, otro hijo de la autora, empezó a usar gafas, Zabalbeascoa y Telmo se pusieron manos a la obra. Ella escribió el texto; él lo ilustró.
Comenta la autora en las respuestas a unas preguntas que amablemente nos ha contestado por correo electrónico y que adjuntamos en una entrada aparte que "los niños nunca vuelven a dibujar con tanta fuerza como cuando tienen 6 años". Telmo realizó los dibujos de Jaime... a lo largo de más de un año. Empezó con 5 y acabó con 7. Y es verdad que tanto el trazo como el color tienen una enorme expresividad.
Hay detalles de gran sutileza como la mirada hacia arriba de Jaime en la portada...
... la forma en que se disponen los objetos que va encontrando, en la página 19...
... o la inclinación del tronco del protagonista en la última página mientras manda callar con picardía.
Elementos como un Mr Potato o el símbolo de una conocida marca deportiva en las zapatillas del protagonista dan un involuntario pero encantador aire pop al asunto. Y demuestran que Telmo sí se ha puesto las gafas de niño. Bueno, que, en realidad, no ha tenido que ponérselas, porque él sí que tiene la mirada de un niño, claro.
El papel en el que están impresos esos dibujos, de un blanco nuclear, sin brillo, de mucho gramaje, casi una cartulina, les dan un aire más auténtico todavía. Por eso me parece del todo innecesario el reclamo de mencionar la edad de Telmo en la portada. Hubiese bastado con un apunte en páginas interiores. Pero, vaya, es una cuestión menor.
Decía que hay muchas cosas que me gustan mucho de este libro. La que más, ya lo he dicho, que lo hayan hecho entre un adulto y un niño. Pero hay otra que también me encanta. Es la recomendación de lectura que hace la autora en la página 2:
"Como todas las historias reales, éstas pueden suceder en varios lugares a la vez. Así es que si en vuestra clase hay algún niño, o niña, con gafas, la historia de las gafas mágicas puede contarse cambiando el nombre de Jaime por el de Beatriz, Juanjo, Pepita o Teodoro. Además, los nombres de la profesora y los compañeros también se pueden cambiar para adaptar este cuento ¡a cualquier clase del mundo!"
"Pienso que las cosas deben servir a todos", dice Zabalbeascoa. Si Jaime y las gafas mágicas se hubiese quedado en eso, en Jaime y las gafas mágicas, si no hubiese podido ser también PAJARITO y las gafas mágicas, por ejemplo, a lo mejor no lo habríamos leído tantas veces.







